Como arduo lector de comics que soy, he experimentado en muchas ocasiones la sensación de que me tomaban el pelo. Cuando un personaje dejaba de funcionar del todo bien las grandes mentes pensantes se ponían en el dilema de qué hacer con su héroe. Generalmente las opciones eran estas:
1) Crear un supervillano tan poderoso que tengas que juntar a todos los héroes de tu repertorio en una historia conjunta, que combinarás mediante cross-overs de tus distintas colecciones. De esta manera tan rastrera te aseguras que el pobre comprador se deje la paga durante dos meses o más en comprar todas las colecciones del mercado habidas y por haber.
2) Cambiarle el traje al héroe de turno, gracias a sus colores nuevos los niños de 6 a 7 años se acercan a las portadas y así tienes un comprador nuevo, mientras que los mayorcitos dicen:
-Es la misma Stacy Malibu de siempre
-Si...pero con un sombrero nuevo.
3) Mátale a alguien. Si no sabes cómo continuar una historia, frustra al personaje: mátale a un amigo, a un familiar, a un villano o mejor aún, a su novia. De esa forma, con el trauma, te garantizas que el personaje se acerque a la vida real y que sus problemas sean reales. Los tebeos se llenan de páginas del héroe recordando su infancia o adolescencia junto con el ser querido, a la vez que generan el sentimiento de venganza tan humano y tan conocido por todos.
4) Finalmente y si no puedes remontar las espectativas de mercado mátalo a él, cuanto más estúpida sea su muerte tanto mejor.
Lo usado con Superman es un ejemplo clarísimo de esto: te sacas de la manga a un tío que es poderoso de cojones y que extrañamente lo tienen encerrado en un almacén (cosa curiosa para un tio tan fuerte). Lógicamente se escapa, pero en la ciudad de nuestro héroe, y va destrozando todo sin ton ni son. El héroe se mosquea y piensa «este cabrón está matando a mi gente, así que voy a ponerle las pilas» pero...el malo es muuuuu fuerte y lo tumba. Luego se dice a si mismo: «necesito armas» y va a por él armado pero le ganan de nuevo. Es el momento en que decide llamar a sus amigos (cosa curiosa ésta, el "héroe" se comporta como un vil raterillo de tres al cuarto) pero les ganan. Al final da el todo por el todo y muere.
Lo que sucede en los próximos meses es parecido a la vida real hasta en exceso:
- Los villanos se compadecen hasta el punto de sufrir el sindrome de Estocolmo o el de "Todo el mundo es bueno": «Sí, me metió en la carcel 1000 veces y frustró mis ansias de conquistar el mundo, pero al fin y al cabo era un gran tio.»
- Los héroes le lloran en todas las colecciones del mercado y por supuesto, aquél que quiera tener el funeral al completo debe comprar las 15 colecciones.
Y ya poniéndonos en la vida real, tiene gracia ver como los guionistas de televisión y de programas generales llevan a cabo este tipo de estrategias lamentables. Primero llevas a la Bermúdez, después le operas las tetas (cambio de traje), al tiempo le operas los labios (nuevo cambio de traje), le buscas un nuevo villano para combatir (la Yola) como no puede con la villana de turno le pones una aliada (la Mari Cielo) y cuando han superado el conflicto y aburren creas a otros "héroes" para amenizar tu mierda de vida.

