Quienes hayan jugado al Sims o a algunos de sus sucedáneos para móvil, consola, PC o lo que se tercie, sabrán que el juego generalmente consiste en hacer interactuar a sus protagonistas y ver como evolucionan sus relaciones de amistad/amor/enemistad. El estado actual de la relación suele indicarse con una barra de amistad que es más o menos grande en función de cómo de bien se lleven los personajes. Si se llevan muy pero que muy bien a veces la barra se pone en forma de corazoncitos, para indicar que lo que les une es algo más que una "simple amistad" (un romance, una profunda confianza, ...). En función del estado de la barra los personajes podrán hacer según qué tipo de actividades, desde ir a tomar una cerveza juntos (si se están conociendo) hasta casarse, por ejemplo.
Aunque los seres humanos no tengamos esas barritas pululando sobre nuestras cabezas nos comportamos como esos monigotes que aparecen en la pantalla. Si uno es más o menos amigo le tratamos de una manera especial o no. Somos seres que nos relacionamos en lazos a dos bandas donde cada uno saca (o trata de sacar) beneficio del otro durante un determinado tiempo. Y, en muchos casos, la amistad viene o va según cuestiones coyunturales (por ejemplo, que te acabe de dejar la novia y busques gente con la que salir a emborracharte). Desde un punto de vista racional todo tiene mucho sentido. Vamos ahora al caso práctico, que releyéndolo parece de quinceañera cabreada (té con camomila) pero aun así me arriesgo y lo pongo para que me fusileis sin piedad:
Hace unos meses llegó una chica española a mi empresa (que, para los que no lo sepan a estas alturas, está en el extranjero) a la que llamaremos Agripina. Como es lógico a la hora de inmigrar a un país, uno trata de juntarse con los que más "conoce" y el idioma suele ser un factor determinante. Ni que decir tiene que Agripina no fue una excepción. Un día, mientras esperaba en el bus pensando en mis cosas veo que alguien a lo lejos se dirige a mí. Se me presentó "oye soy tu nueva compañera de la empresa, estoy en tal planta" y yo, que soy una persona accesible y generalmente agradable le estuve preguntando por su adaptación en el país y esas cosas que les comentas a los recién llegados. En los sucesivos días siempre que coincidíamos todo eran sonrisas y conversaciones largas. "Pos estoy haciendo esto, estoy haciendo lo otro, hace mucho frío". Lo típico.
Es bonito hacer nuevos amigos ¿no? Desgraciadamente la gente es gentuza y no duda en cambiar de parecer según dónde esté el Sol. Ya noté en los últimos días cierto pasotismo pero ha sido ayer cuando he confirmado el cambio en la barra de estado. Nos encontramos en el ascensor y en lugar de un saludo afable me encuentro con una cara larga y esa mirada perdida de como quien ve a través de uno. Todo ello a pesar de que tuve la deferencia de quitarme los cascos de música (cosa que no hago por casi nadie, sobre todo si lo que tengo puesto es Megadeth) y preguntarle qué talo le va. El lector coherente podrá pensar "bueno, a lo mejor tenía un mal día, no te comportes como una perra histérica sólo porque no te devuelvan el saludo en un ascensor".
Yo también lo pensaría si no fuese por lo que vino a continuación. Al bajarse del ascensor se reunió con su grupo de nuevos amigos de la empresa sin dignarse a dirigirme la palabra a pesar de mis "buenas noches". Coño, si alguien te saluda al menos se educado y dices "taluego". Como había una "amistad en común" (al que bautizaremos como Toribio) en su grupo, me puse a hablar con él, más que nada por no hacer el camino hacia la parada solo (ya veis, yo también soy interesado). Más adelante, les guardé sitio en el bus a todos (aquí más que interés es que me pareció de recibo teniendo en cuenta que fui el primero en subirme). Por si la falta de saludo no fue suficiente indirecta Agripina me ve y no duda en pasar de mi cara para irse al piso de arriba. Tuvo que ser Toribio el que bajase a avisarme de que subiese con ellos, que no me habían visto. Y yo, que soy bastante bueno cuando se trata de fingir que soy gilipollas y no me doy cuenta de las cosas, dije que "vale", que "sin problema".
Voy a tratar de no extenderme mucho más (porque se me ha ido de las manos) y cerrar esto diciendo que aun siendo esta chica una hija de puta con pintas podría decirse que desde un punto de vista racional su comportamiento es lógico. Ha hecho nuevas amistades y deshechar las viejas no tiene porqué suponer un problema, quizás lo contrario. A pesar de mi evidente enfado desde un punto de vista cerebral lo entiendo perfectamente. No es la primera ni seguramente la última vez que alguien, chico o chica (eso es secundario) se comporta así. No voy a decir que estoy acostumbrado porque tampoco soy un puto paria, pero digamos que el patrón lo conozco: Alguien nuevo y sin amigos te busca porque eres accesible, hasta que consigue hacer su grupo. En ese momento te deshecha de manera sutil.
La cuestión, y el motivo que me lleva a escribir este extenso y pesado post, es mi conclusión, que me gustaría compartir con vosotros, los lectores que tuvieses la moral para leer tanto párrafo. En líneas generales, la gente que es muy racional, incluiría a la gentucilla como Agripina en su grupo de "amistades". Al fin y al cabo, han mantenido conversaciones durante un tiempo, son compañeros de trabajo y, quién sabe, si a la susodicha un día le falla el plan puede que retorne al redil. Es más, yo mismo estoy convencido de que Agripina volverá con sus sonrisas si un día tiene que ir a la parada sola o necesita alguna información relacionada con algo de la empresa y estoy yo a mano. La gente no tiene problemas en dividir a los que le rodean entre "amigos", "amistades", "conocidos", "colegas" y otros apelativos.
Yo mismo podría tomar esa actitud que, a priori, parece la más sensata y productiva, dado que amplía tu número de conexiones con los demás (y, por tanto, tu capacidad de influencia). Por desgracia, a pesar de lo frío que soy para muchas cosas, cuando se trata de las relaciones con gente soy muy visceral. Conmigo no hay "barritas de amistad" que valgan. Hay más bien un interruptor que dice "Sí" o "No". En mis 29 años de vida he dividido al mundo en tres clases de personas: Mis amigos, la gente que no conozco y la gente que me la ha hecho una vez. A los dos primeros estoy dispuesto a dar oportunidades, a los últimos sólo puedo garantizarles mi desprecio absoluto. Es por este motivo que no puedo decir que tenga un círculo de gente muy amplio, más bien lo contrario. A pesar de ello me digo que hago bien y que es mejor así, pero reconozco que algunas veces pienso si soy demasiado extremista.
¿Es esta una forma correcta de ver la vida?
Aunque los seres humanos no tengamos esas barritas pululando sobre nuestras cabezas nos comportamos como esos monigotes que aparecen en la pantalla. Si uno es más o menos amigo le tratamos de una manera especial o no. Somos seres que nos relacionamos en lazos a dos bandas donde cada uno saca (o trata de sacar) beneficio del otro durante un determinado tiempo. Y, en muchos casos, la amistad viene o va según cuestiones coyunturales (por ejemplo, que te acabe de dejar la novia y busques gente con la que salir a emborracharte). Desde un punto de vista racional todo tiene mucho sentido. Vamos ahora al caso práctico, que releyéndolo parece de quinceañera cabreada (té con camomila) pero aun así me arriesgo y lo pongo para que me fusileis sin piedad:
Hace unos meses llegó una chica española a mi empresa (que, para los que no lo sepan a estas alturas, está en el extranjero) a la que llamaremos Agripina. Como es lógico a la hora de inmigrar a un país, uno trata de juntarse con los que más "conoce" y el idioma suele ser un factor determinante. Ni que decir tiene que Agripina no fue una excepción. Un día, mientras esperaba en el bus pensando en mis cosas veo que alguien a lo lejos se dirige a mí. Se me presentó "oye soy tu nueva compañera de la empresa, estoy en tal planta" y yo, que soy una persona accesible y generalmente agradable le estuve preguntando por su adaptación en el país y esas cosas que les comentas a los recién llegados. En los sucesivos días siempre que coincidíamos todo eran sonrisas y conversaciones largas. "Pos estoy haciendo esto, estoy haciendo lo otro, hace mucho frío". Lo típico.
Es bonito hacer nuevos amigos ¿no? Desgraciadamente la gente es gentuza y no duda en cambiar de parecer según dónde esté el Sol. Ya noté en los últimos días cierto pasotismo pero ha sido ayer cuando he confirmado el cambio en la barra de estado. Nos encontramos en el ascensor y en lugar de un saludo afable me encuentro con una cara larga y esa mirada perdida de como quien ve a través de uno. Todo ello a pesar de que tuve la deferencia de quitarme los cascos de música (cosa que no hago por casi nadie, sobre todo si lo que tengo puesto es Megadeth) y preguntarle qué talo le va. El lector coherente podrá pensar "bueno, a lo mejor tenía un mal día, no te comportes como una perra histérica sólo porque no te devuelvan el saludo en un ascensor".Yo también lo pensaría si no fuese por lo que vino a continuación. Al bajarse del ascensor se reunió con su grupo de nuevos amigos de la empresa sin dignarse a dirigirme la palabra a pesar de mis "buenas noches". Coño, si alguien te saluda al menos se educado y dices "taluego". Como había una "amistad en común" (al que bautizaremos como Toribio) en su grupo, me puse a hablar con él, más que nada por no hacer el camino hacia la parada solo (ya veis, yo también soy interesado). Más adelante, les guardé sitio en el bus a todos (aquí más que interés es que me pareció de recibo teniendo en cuenta que fui el primero en subirme). Por si la falta de saludo no fue suficiente indirecta Agripina me ve y no duda en pasar de mi cara para irse al piso de arriba. Tuvo que ser Toribio el que bajase a avisarme de que subiese con ellos, que no me habían visto. Y yo, que soy bastante bueno cuando se trata de fingir que soy gilipollas y no me doy cuenta de las cosas, dije que "vale", que "sin problema".
Voy a tratar de no extenderme mucho más (porque se me ha ido de las manos) y cerrar esto diciendo que aun siendo esta chica una hija de puta con pintas podría decirse que desde un punto de vista racional su comportamiento es lógico. Ha hecho nuevas amistades y deshechar las viejas no tiene porqué suponer un problema, quizás lo contrario. A pesar de mi evidente enfado desde un punto de vista cerebral lo entiendo perfectamente. No es la primera ni seguramente la última vez que alguien, chico o chica (eso es secundario) se comporta así. No voy a decir que estoy acostumbrado porque tampoco soy un puto paria, pero digamos que el patrón lo conozco: Alguien nuevo y sin amigos te busca porque eres accesible, hasta que consigue hacer su grupo. En ese momento te deshecha de manera sutil.
La cuestión, y el motivo que me lleva a escribir este extenso y pesado post, es mi conclusión, que me gustaría compartir con vosotros, los lectores que tuvieses la moral para leer tanto párrafo. En líneas generales, la gente que es muy racional, incluiría a la gentucilla como Agripina en su grupo de "amistades". Al fin y al cabo, han mantenido conversaciones durante un tiempo, son compañeros de trabajo y, quién sabe, si a la susodicha un día le falla el plan puede que retorne al redil. Es más, yo mismo estoy convencido de que Agripina volverá con sus sonrisas si un día tiene que ir a la parada sola o necesita alguna información relacionada con algo de la empresa y estoy yo a mano. La gente no tiene problemas en dividir a los que le rodean entre "amigos", "amistades", "conocidos", "colegas" y otros apelativos.
Yo mismo podría tomar esa actitud que, a priori, parece la más sensata y productiva, dado que amplía tu número de conexiones con los demás (y, por tanto, tu capacidad de influencia). Por desgracia, a pesar de lo frío que soy para muchas cosas, cuando se trata de las relaciones con gente soy muy visceral. Conmigo no hay "barritas de amistad" que valgan. Hay más bien un interruptor que dice "Sí" o "No". En mis 29 años de vida he dividido al mundo en tres clases de personas: Mis amigos, la gente que no conozco y la gente que me la ha hecho una vez. A los dos primeros estoy dispuesto a dar oportunidades, a los últimos sólo puedo garantizarles mi desprecio absoluto. Es por este motivo que no puedo decir que tenga un círculo de gente muy amplio, más bien lo contrario. A pesar de ello me digo que hago bien y que es mejor así, pero reconozco que algunas veces pienso si soy demasiado extremista.
¿Es esta una forma correcta de ver la vida?
Recuerdo allá por el año 1998 que cierto grupo de personas pensaron en montar un grupo de música, para lo cual dos de sus miembros tuvieron que comprar instrumentos, y pagar a los otros tres miembros del grupo la contribución del local, recuerdo también que esas dos primeras personas consiguieron que esas otras tres cuyo carisma en el D&D sería de 3 sobre 20 lograsen cierto estatus y por tanto relaciones para poder continuar escalando peldaños en eso que es la música y recuerdo muy bien el momento del abandono.
ResponderSuprimirNo es nada nuevo, y ahora me voy a poner burro, ruego que quien me lea sepa entenderme, siendo chica esto es un arma que SIEMPRE emplean, tu, grandísimo idiota no pensaste con claridad, es más si en vez de AGRIPINA o ASPIRINA se tratase de TERMALGIN o PARACETAMOL posiblemente no le hubieras echo ningún puto caso, o al menos poco, pero las putas glándulas mamarias cerraron tu mente.
Por lo demás Manquiña ya lo dijo muy muy claro.
Hombre, yo quizás habría esperado al segundo feo (en días distintos, preferentemente) para hacerle la cruz, pero una vez hecha es cierto que tampoco se la quitaría. Dentro de mis defectos, que son un buen puñado, se encuentra el de que soy bastante (tirando a muy) rencorosa y si me haces algo no me olvidaré aunque te perdone XD
ResponderSuprimirEn todo caso, aunque ahora ya tuviera su nuevo círculo, no entiendo la actitud de dejar de saludar. Llevaría cascos ella también y no te escuchó? :P Eso ya me parece algo así como ganarse enemigos gratuitos y tal. Que vamos, que puede parecer una rabieta adolescente pero creo que en una situación así todos reaccionaríamos de forma parecida, porque nos duele sentirnos utilizados y luego despreciados.
saluditos